"Historia del Corralón"
La semblanza de Enrique Dick & Cia. S.R.L. es un caso inconfundible de tradición, crecimiento y profunda
renovación en este Valle. Si contemplamos el pasado y su historia, veremos lo que hicieron nuestros mayores,
lo que ellos nos dejaron, para mejor, con su experiencia y sabiduría, sin desprendernos de esa memoria que nos enriquece. Casualmente, su historia está asociada al bello lugar de las Sierras de Córdoba donde hoy la Sociedad
se asienta con orgullo: Villa General Belgrano. En un libro publicado por uno de los socios, Enrique Rodolfo Dick,
hijo1, aparecen, para empezar, trazos esclarecedores:
...Volviendo atrás en el tiempo, el paraje más caro a los recuerdos de papá2 fue sin lugar a dudas el pueblo El Sauce, más tarde Villa General Belgrano. Fue entre los años 1930 y 1932 cuando apareció en ese lugar llamado El Sauce un puñado de familias atraídas por una propaganda que afirmaba que el valle de Calamuchita se prestaba para desarrollar la agricultura mixta en pequeña escala. Ese núcleo invirtió sus ahorros, construyó casas, plantó frutales y preparó con desvelo sus quintas. Muchos, al fracasar las cosechas, vendieron sus chacras y
volvieron a las ocupaciones anteriores. Pero el desánimo no cabe en la mente de verdaderos colonizadores.
Llegó en su reemplazo gente nueva con ánimo y, sobre todo, con más capital...
...Se cree que el fundador de la villa fue un tal Paul Heintze quien, publicando avisos en los diarios, atrajo a las primeras familias. Apareció el primer chalet, el de la señora Klara Hummel y dos pensiones: Gobl y Villa Marta. Después comenzó a crecer y prosperar, con empuje irresistible...
...La visión de El Sauce, contemplado desde la parte alta del camino antiguo de Capilla Vieja, era imponente: una villa luminosa, verde en verano, con muchos árboles, una joya pintoresca de las sierras de Córdoba con un
clima agradable en todas las estaciones. Con una altura de 800 metros sobre el nivel del mar, un clima
considerado sano por médicos y curanderos, con un otoño amarillento y feliz y un invierno seco y a veces
nevado, magnetizaba a los que llegaban... y no los dejaba regresar...
El “Corralón” proveía al pueblo de materiales de construcción y afines. Perteneció sucesivamente a don Brauer, a Schwarz y a Jank. El primer dueño atendía a los clientes con particular respeto y cariño, con humildad y sin jugar al gran señor. Conocía su oficio y decía siempre que él no cobraba sueldo alguno. De don Jank decíase que le gustaba tomar un trago, pero desde que tuvo su propio pozo de agua, saciaba su sed sólo con ese líquido...
1 - “Tras la estela del Graf Spee”, Edición del autor, 1995, 1996, 1997 y 1999.
2 - Se refiere a Enrique Dick.
La palabra “Corralón” adquiere nombre propio de la boca de los viejos pobladores y también de los más jóvenes,
y su trayectoria empieza con la mismísima historia de la tierra, en 1932, donde se asentó. Celosamente guardados por los socios gerentes Roland Herbert y Carlos Alejandro Dick, los documentos, actas, planos y libros
en nuestro poder, permiten recorrer el camino que llevó hasta esta pujante sociedad. Con datos curiosos y anécdotas hemos podido caminar desde 1932 hasta hoy, un itinerario que tiene su denominador común: el impulso.
El 14 de Junio de 1932, Jorge Kappuhn, aquel ciudadano alemán que donaría años más tarde las tierras para
erigir el Campamento de Internados “Capilla Vieja”, para los marinos del acorazado “Graf Spee”3 , vendió a los señores José Gobl y Jorge Heinrich el lote número tres, ubicado en “El Sauce”4 , de doce hectáreas tres mil quinientos cuarenta y nueve metros, sesenta decímetros cuadrados, lindante con los lotes de los señores
Ottens, Lockmann, Buchberger y de los Reverendos Padres Mercedarios “Arroyo de la otra estancia”. Kappuhn manifiesta que lo había adquirido en el `31 a doña Gabina Ferreyra de Pereyra. Gobl y Heinrich recibieron la suma de un mil setecientos veinte y ocho pesos con ochenta y seis centavos moneda nacional de curso legal y ahí quedó el terreno, bajo el poder de don Gobl, conferido por don Heinrich, residente en Comodoro Rivadavia. Ambos eran, evidentemente, inversores, pues en 1941 venden el predio, - con las mejoras que contiene - a
don Juan Jank quien, según consta, era italiano, soltero, de treinta y seis años de edad. Un dato notable en los documentos proporciona más información acerca de los antiguos nombres de la Villa: ... el lugar denominado
“Los Sauces” o “El Sauce”, hoy Villa Calamuchita, antiguamente conocido por “Falda de San Lorenzo del Sauce”, Pedanía los Reartes... Se advierte en el testimonio escrito, que el lote era atravesado por la acequia “Del Alto”, que arrancaba en el arroyo “De la Toma” y confluía con el de “Los Carranza”, señalándose que se incluyó en la operación el derecho de riego. Juan Jank pagó trescientos pesos nacionales.
El 31 de Agosto de 1945 se crea la Sociedad Schwarz & Jank S.R.L., según escritura pública número ciento ochenta y tres, para dedicarse ... a la compra venta y depósito de materiales de construcción, sanitarios y afines, depósito de leña, carpintería mecánica, ferretería, etc., con un capital de veinticinco mil pesos. Jank pone el terreno y Schwarz se ocupa de la construcción edilicia, dando forma a un conjunto de techo a dos aguas de
tejas planas, mampostería en ladrillos de primera, piso de cemento alisado con mosaicos y pintura a la cal, sala
para negocio en la parte central con su puerta de cedro a doble hoja escoltada por dos ventanales a guisa de vidriera y un limpia zapatos - raspa pié en la entrada y, en ambos extremos, dos oficinas de cada lado. Don Schwarz ocupa una de las que da al lado norte. Además, cuenta con una vivienda con dos piezas y un baño,
más un tinglado con estantería para mercaderías y garaje para camión.
3 - Ver op. cit. en (1).
4 - Primer nombre de Villa G. Belgrano.
En 1949, en el registro de Empleados y Obreros que exigía el Código de Comercio, cuya Acta de inicio firma el entonces Juez de Paz, don Alberto Castaldi, figuran seis empleados en la firma: Carlos Brauer, socio-gerente,
cuyo sueldo era de mil pesos, Ethel Isabel Bousquet, oficinista, quien ya estrenaba una flamante máquina de escribir “Ideal”, con doscientos sesenta pesos mensuales, y los dependientes Alejandro Eduardo Ceballos, Carlos Schmitz, Erico Werner y Juan Miguel Baigorria, con salarios entre trescientos y seiscientos pesos de promedio. Schmitz y Werner, empleado y contador respectivamente, se retiraron por su propia voluntad en 1950/5. Ese año, el del Libertador General San Martín, la casa Schwarz & Jank S.R.L. de Materiales de Construcción y Afines, con un capital de 25.000 $, se expande. Sus socios iniciales, don Juan Jank y Carlos Schwarz, y bajo el mismo rubro y el mismo objeto, deciden aumentar el capital a 100.000 $ y luego a 140.000 $, incorporando dos nuevos accionistas, don Hermann Schwarz y el ya citado Enrique Brauer, ambos alemanes, de sesenta y cinco y cuarenta y un años de edad, respectivamente. Son designados gerentes, Carlos Schwarz y Enrique Brauer, ...
con amplias facultades, por tiempo indeterminado, con el uso de la firma social y gozando de la remuneración
que les asigne la Asamblea. La firma asegura sus existencias en “Helvetia” y “la Agrícola” y al camión Diamond T
de 2,5 toneladas y seis cilindros en “Sud América Terrestre y Marítima”.
Al año siguiente, el nuevo contador es don Juan Jorge Krase, marino del “Graf Spee”6 , uno de los más jóvenes en aquel buque, con un sueldo de novecientos pesos. Don Krase había regresado de Alemania en el `49 y había comenzado a trabajar en la fundición de Kappuhn, ubicada en Ferreyra. Como su esposa, Gertrud Hagelberg7 estaba radicada en el pueblo, el señor Krase habla con Brauer y obtiene el puesto de contador vacante. También en el `51, consta que son acreedores a gratificaciones de mil pesos cada uno, los empleados Krase, Bousquet, Ceballos y el flamante chofer Ricardo Carlos Weigert. Desde el año `51 y hasta la década del `60 funcionó una sucursal en Santa Rosa de Calamuchita.
Con el correr de los años, se incorporan nuevos vendedores y peones. Don Carlos Schwarz ejerce como chofer accidental por renuncia de Weigert. En el `55 ingresa Carlitos Torres como conductor del Diamond y continúan en la nómina, Sánchez Luis y Sánchez Fabián. Desde 1958 a 1965, siete largos años, sólo son cuatro los empleados fieles de la firma: Krase, Bousquet, Ceba-llos y Torres. En 1966 se incorpora Ernesto Delfín Rodríguez, ex albañil, hombre de confianza de la familia Bloch, hoy el más antiguo empleado activo de la Compañía. Los sueldos, dato curioso, son entonces, 19.500, 16.000, 15.500, 12.800 y 13.500 pesos respectivamente. Para las Fiestas, “Isa” Bousquet decora las vidrieras con adornos navideños y un enorme Papá Noel de cartón venido
de EE UU y envía tarjetas impresas de saludo a clientes y proveedores con un dibujo de los edificios y un mensaje de
5 - Werner se independizó e instaló una ferretería donde hoy está la Iglesia Evangélica.
Pero no le fue bien y cerró.
6 - Ver op. cit. en (1).
7 - Gertrud vino al pueblo a los 3 años, en 1932; es por lo tanto una de las pobladoras
más antiguas de la región.
... al agradecer a usted las numerosas atenciones dispensadas durante el año que fenece, aprovecha esta
oportunidad para augurarle un Feliz Año Nuevo...
La historia del Diamond es un capítulo aparte: cumplía su cometido con creces, era noble y fuerte y hasta desempeñó un servicio a la comunidad, como el de llevar los ataúdes de los fallecidos a su última morada, en el cementerio local o el de Los Reartes, habida cuenta que no existía otro medio. Los que conocieron este
vehículo, siempre le llamó la atención que estaba torcido del lado izquierdo. La razón era que la estiba se hacía siempre de ese lado, para facilitar tanto la carga como la descarga de materiales. Cuenta Carlitos Torres que un día, regresando de Santa Rosa con cal viva para la construcción del vado del “Rancho Viejo”, a la altura de la panadería “La Moderna” fallaron los frenos. Carlitos le dijo muy serio a don Krase que lo acompañaba: - agárrese fuerte, que si hay gente trabajando en el vado, tiro el camión al arroyo - . Por fortuna no había nadie, y el Diamond se detuvo recién a la altura del portón del “Rancho Grande”. - ¡Bájese rápido don Krase y póngale una piedra a la rueda, a ver si se nos vuelve para atrás! – gritó Carlitos. Carlos Torres se retiró el 31 de Diciembre de 1970.
El edificio se amplía: las oficinas del lado norte dan lugar a la extensión del local central y se construye el enorme tinglado-galpón-depósito en los fondos, con techo de zinc y frente abierto. El Corralón está bien provisto, hay muchos elementos de ferretería, pinturas y materiales de construcción; todo se vendía suelto, el ferrite rojo y amarillo, la masilla, el aceite de lino y el aguarrás, el yeso y el hormiguicida. Entre los años `50 y `60, el Corralón tenía ya su personalidad: los viernes a la tarde llegaba el camión desde Córdoba con los encargues, las encomiendas y los pedidos, y el conjunto era abierto, controlado y acomodado el sábado temprano. Juan Krase, quien iba y venía con una Siambretta, salía puntualmente a las diez de la mañana a tomar un cafecito en el
“Ciervo Rojo” y trabajaba los sábados a la tarde en sus libros contables “Floriani”, - y muchas veces los fines de semana, recordemos que la contabilidad era a mano -, “Isa” Bousquet, propietaria de una motoneta Paperino, cuidaba con gran celo los intereses, hacía innumerables copias de las facturas con una prensa manual y papel gomado, y bebía su café de termo a las cuatro de la tarde, Carlitos Torres ya conocía al dedillo los lugares de reparto gobernando el Diamond con pericia, renegando con frenos y la manija de arranque, y Eduardo Ceballos, puntual como nadie, - solía decir que hay que agradecer cada día que nos levantamos y vemos el sol -, sabía al detalle donde estaba cada cosa, desde el papel España, el Gammexane, los galvanizados, los clavos Punta Paris y punta cajonera, cortaba el vidrio a la medida de cada cliente escrupuloso y también cargaba artesanalmente las garrafitas de gas para los “Sol de noche”. En esos tiempos, empezaron a llegar las garrafas de gas licuado, las comunes y las de “Agip”. Los sábados todos atendían en el mostrador, pues bajaban los propietarios de La Cumbrecita, con largas listas de demandas. Una de las características de todos los empleados es que “se
quedaban sin uñas”, a fuerza de contar bulones, clavos y tornillos, siempre a mano. Se consume muchísimo material para la construcción, la cal viva que se almacena en un depósito hermético, el cemento Portland en sus bolsas de algodón de 50 Kg., la madera Pino Brasil, los caños cloacales de barro y el hierro de todas las medidas. Las pinturas “Alba” y “Cremar” se adquieren en grandes cantidades y hasta se ofrecen excelentes herramientas importadas y nacionales, como por ejemplo las palas “Fox” y “Gherardi”, serruchos “Jumbo”, sierras “Peugeot” y pinzas “Linesmann”. En las oficinas, en invierno, la estufa “Tamet” octogonal es la calefacción obligada, que perfuma el ambiente con leña de espinillo y una cacerolita con agua y hojas de eucalipto.
En libros, asambleas y oficinas contables se detecta un movimiento hacia lo novedoso. Aparecen inversores interesados y con capital, Villa General Belgrano se vuelve más dinámica, el turismo impera. Corre 1958. Los nuevos socios, Godofredo Miggitsch, austríaco, casado con doña Odette Scagnetti, Aloisio Sauer, austríaco, y Enrique Rodolfo Dick, alemán, casado con doña Ana María Antonia Bousquet, traen su aliento y energía propios. Jank había fallecido en el `52/ 8 y la sucesión estaba en poder de don Miggitsch, su hijo, incluido en testamento9. El capital social, a la fecha, asciende a 420.000 $. En 1960, don Sauer transfiere sus cuotas sociales a los dos socios, Dick y Miggitsch y, por fallecimiento de éste último, su viuda Odette, con percepción y entendimiento, vende sus acciones a Enrique Dick, a su esposa Ana María y a Ethel Isabel Bousquet. Ya en agosto de 1965, se solicita el cambio de nombre de la empresa por el de “Enrique R. Dick y Cia. S.R.L.”.
Los movimientos en la sociedad, los cambios de accionistas y capitales sociales, no alteran para nada el avance vertiginoso de Enrique R. Dick y Cia., que se adecua a los cambios y a la demanda de los clientes. En 1973 son socios minoritarios Ana María Bousquet de Dick, Ethel Isabel Bousquet, Enrique Dick, hijo, y Marianne Isabel Dick. El capital es de 70.000 $.
Se construyen nuevos depósitos, se amplía el rubro Artefactos para el Hogar y se mecaniza la administración contable y financiera. En el “Bazar”, del que se ocupa la esposa de don Enrique, Annie, predominan las camas,
los colchones, algunas bicicletas, macetas, vajilla, artículos de limpieza y jardinería y, muy especialmente, la cerámica de don Bela Gero, residente de Rumipal, artesanías únicas en la Villa que por años fueron exclusivas y muy solicitadas. Sucesivas ampliaciones y reformas muestran el toque del progreso en una de las empresas más firmes y solventes del Valle de Calamuchita. Es la época de la televisión, de los lavarropas automáticos, de nuevas pinturas, los viejos azulejos “Vicryx” son reemplazados por los multicolores de “San Lorenzo” y las lajas blancas, verdes y coloradas dan otro tono a las casas en construcción. El depósito del fondo, con hierro, caños y hulla, es reemplazado por un enorme tinglado, amplio y cómodo, que hoy sirve con rapidez en la playa de carga y descarga.
8 - Don Jank tenía un camión y traía mercadería desde Córdoba. Una tarde, intentando
esquivar un vehículo que venía de frente, en la parte sinuosa, chocó violentamente contra
los pilares de un angosto puente y murió en el acto. Lo acompañaba Dante Favor, que
sufrió heridas leves.
9 - Don Miggitsch vino de Austria especialmente para hacerse cargo de la empresa.
Pese a los altos costos financieros, a dos feroces caídas de granizo, a inflaciones y devalúos, y a cambios de moneda, don Enrique impulsa con solidez los trabajos de renovación y las inversiones. La compañía adquiere nuevos camiones, un Ford 600, luego los Ford 700 y 7000 y un Mercedes Benz 1518, con los que se cumplen viajes largos a Salta, Misiones y La Rioja, e incrementa el servicio de reparto a domicilio con un Ford 350 rojo que reemplaza al viejo Diamond verde.
El lamentable fallecimiento de Ana María Bousquet en 1989 y de don Enrique Dick en 1992, no alteró el ritmo creciente de la Sociedad, que ya había incorporado dos nuevos socios, Roland Herbert Dick y Carlos Alejandro Dick, a la fecha los socios gerentes.
Roland Herbert, “Ronnie”, un estudioso de la actualidad y con visión heredada, impone la administración a través de la computadora, iniciándose con una Texas TI-99 de 16 Kb que se usaba con un televisor, pasando por computadoras más potentes, hasta hoy, donde cuenta con una red de última generación, y programas de
control de stock, facturación, ventas, proveedores, cuentas corrientes y administración. En 1986 se cambia totalmente el layout de atención y el viejo mostrador de madera, noble y fuerte, desaparece, dejando lugar a otros más adecuados a los tiempos.
Las viejas bolsas de cemento de algodón son hoy de papel, todo lo que se ofrecía suelto está correctamente envasado según normas y la carga y descarga de todos los materiales se hace a través de pallets con autoelevador. Los empleados, que nunca superaron los 10, son hoy 20. Hay vehículos de todo tamaño y
tonelaje, son 8 unidades más 2 autoelevadores, que alimentan la intensa demanda. Se respira eficiencia y eficacia en esos 4773 m2 de terreno y 1845 m2 cubiertos. Se busca satisfacer al cliente, hoy más exigente que nunca, habida cuenta de la información, no sólo con calidad, rapidez y respuesta, sino con precios competitivos. En 1990 se inaugura un sistema de autoservicio totalmente novedoso y en 1996 un elegante salón de exposición de
baños y cocinas, diseñado por la esposa de Ronnie, Gaby. Enrique Dick y Cia., en su clara expansión, vuelve con una sucursal más grande en Santa Rosa de Calamuchita con 4 dependientes, responsabilidad de Carlos Alejandro, quien se ocupa de todos los artículos de electricidad, pinturas y ferretería. Además, la firma forma parte de la COPMACO 10 , sita en Pilar (Córdoba), donde más de 50 empresas se han asociado para competir con precios mejores.
Pero en ese patrimonio físico y tecnológico no está todo. Cuántas veces hemos visto, desde muchos años atrás, algo que da una idea certera de los que la empresa piensa de su cliente. La figura, muchas veces repetida de
veinte años atrás, de un domingo o feriado, es alguien que golpea la puerta de la casa de don Enrique, - don Enrique, necesito unas bolsitas de cemento, estamos techando... – y él salir rumbo al Corralón y entregarlo...
y hoy, hace unos días nada más, una joven que se asoma por la ventana de la oficina del Corralón que ya ha
cerrado hace una hora, - necesito por favor unos cerámicos -, y Fernando Weigandt que la atiende presuroso y
con gran amabilidad. La costumbre continúa, las palabras huelgan, esta breve historia lo demuestra todo.
Colaboraron en este trabajo, don Juan Jorge Krase y Carlos Torres.
10- Coperativa de MApateriales para la Construcción.
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